La articulación histórica de Lacan

Homenaje a Oscar Masotta, Ediciones RSI / Colegio Estudios Analíticos, febrero 2020.

Por Omar Genovese

En la deriva de esta lectura, ocurre la paráfrasis: leo donde no soy, soy donde leo. Como política del lector, se constituye la expansión que ya señalara Diego Alonso. Entonces, el valor histórico de Homenaje… radica en que lo lacaniano, vía Masotta, interrumpió el no discurso, interfirió la autoridad para desatar al demonio del pensar/se. Obró por un escucha, el analista transfigurado de dos lenguas: la de Freud, la de Lacan. Mario Levin supo señalar el problema de traducción territorial, el envés del retruécano, la falla de tal transmisión.

Pero, a la vez, esta forma de estudiar a Lacan generó una secuela cultural, porque también desagregó la universalidad sanadora de la palabra por la irrupción de esa desgracia: ser lenguaje. Así, constituyendo un lector como rebelión a las formas de la sumisión intelectual, en esa política de mercado que todo lo arruina atenuando sus efectos, hoy tan vigente como ilustre ecuestre. Tal caligrafía del pensamiento anuda la estructura, produce la argumentación que hecha luz.

Luego, se destaca esa pregnancia del lenguaje como elemento de constitución del todo, incluso en la desviación de su antropocentrismo. “Habrá que cuidarse, finalmente, de las legalidades de la razón”, advertía Masotta en 1972. El saber, a continuación de lo borgeano, por inflexión hacia otra memoria esquiva, más que el sosiego de certezas acarrea la inquietud de una renovada ilustración: otra vez la lectura, el estudio, la mente ávida hacia una ética del psicoanálisis. Esta fundación documental, publicada en 1979 como homenaje por Germán García y Jorge Jinkis, facsimilar, cuenta con prefacio y postfacio respectivo de María del Rosario Ramírez y Gabriel Levy; afirma la historia del psicoanálisis en Argentina pero, a su vez, instala preguntas y demandas sobre el origen. Ramírez afirma: “ya no leía igual”. ¿Acaso con el psicoanálisis lacaniano la literatura argentina no dejó de “escribir igual”?

Podemos, otra vez, leer: “Digo a medias lo que Lacan dice a medias. Me refiero al mi-dire. El mío es mi-mi-dire articulado en discurso universitario. La paradoja es que yo tuve un día que asumir el discurso universitario fuera de la universidad.” El paralelo con la crítica y la literatura también remite hacia esa función sacrílega para la academia que consiste en merodear por un “canon ausente”, que va de Osvaldo Lamborghini al arribo de Ariel Luppino, frontera que se corre esquivando independencias y apropiaciones. Porque, así como lo lacaniano interroga a la filosofía dando el inicio de la bacanal con el epigrama, el malentendido y el núcleo elusivo de enunciación, aparece ineludible interrogarnos sobre la verdad, en qué lugar se encuentra, cómo se constituye la historia de la verdad en el sujeto.

Paradójico, es evidente que el “discurso enigmático de Lacan” obró como una forma donde el enigma, su búsqueda más que la comprensión, es lo que desata el saber; y también lo que anuda el horror de una certeza: la agonía en el deseo. Este documento, por tanto, debería ocupar la lectura de estudiantes de ciencias sociales y artes, porque orada la materia misma en un estilo para que lo inquietante no sea norma de la esclavitud voluntaria, como señalaba Luis Thonis. La anécdota dice que de la biblioteca de Pichon-Rivière, Masotta accede a la lectura de Lacan; libros en busca de un lector, tal vez por ello Gabriel Levy concluye: “lo mejor de nosotros está por llegar”. Pliegue temporal: las cartas de Masotta desde Barcelona, ante el inminente saqueo de la Escuela Freudiana de Buenos Aires, merecen un análisis detallado sobre el estilo por una ética del escritor, del que enuncia, del que debe eludir todo lugar de poder. Tal vez exagero con el entusiasmo, corresponde la duda, pero no es mala una simple idea: seguir leyendo en busca de lo que llegará.

Publicado en la edición impresa del Suplemento Cultura, Perfil Diario, 04/10/20